Con el fin de disminuir la emisión de gases tóxicos al ambiente, la industria automotriz diseñó vehículos que funcionan transformando el hidrógeno en energía, sustituyendo de esta forma a los combustibles fósiles y la electricidad.
En el mercado existen numerosos prototipos que funcionan con esta tecnología, la cual se basa en celdas de combustible y baterías de hidrógeno. Al combinar el gas con el oxígeno se produce una reacción que genera energía para mover el motor.
Los vehículos con este tipo de tecnología se consideran cero emisiones, porque el único subproducto del hidrógeno consumido es el agua.
¿Cómo funcionan?
El mecanismo es relativamente sencillo, ya que una membrana especial se ponen en contacto con el hidrógeno y el aire ambiental, lo que ocasiona una reacción eléctrica que se canaliza al motor y a la batería.
La batería de hidrógeno hace que los electrodos reaccionen y cambien según el nivel de carga; mientras que en la batería común los electrodos son catalíticos y relativamente estables.
Lo complicado es cargar el hidrógeno en los coches, debido a la inestabilidad del elemento. Algunas investigaciones apuestan por embarcarlo a presión, en estado líquido o gaseoso, pero hacen falta depósitos muy pesados para evitar que se evapore.
Armadoras como Toyota, Hyundai y Mercedes Benz han incluido baterías de hidrógeno en los modelos Mirai, ix35 y F-CELL, respectivamente, con resultados favorables.
Sin embargo, la tecnología que requiere el sistema es muy costosa, lo que hace poco viable (por el momento) la fabricación de dichos vehículos.
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